sábado, 9 de octubre de 2004

Big Fish

Ayer...

Ayer por la tarde mi mente fue capturada por la imagen poderosa de otra persona. Mientras sus sonrisa se grababa en mi memoria y amenazaba con dejarme atrapado, ella extendió su mano para despedirse. Nos abrazamos por un segundo y seguimos nuestros caminos. Aún podía ver su pequeña silueta, pero miré hacia el frente y crucé la calle decidido. Santiago me envolvió y dejé que su ruido y sus olores borraran de mi mente lo que estaba pensando; dejé que las micros y su rugido alejaran de mi los ensueños de las últimas horas; y la ciudad llena de ruidos, olores, colores y gritos me envolvió como a un pescado frío en papel de diario y me arrojó sobre su cemento como mercadería vieja. Y me dejé llevar arrullado por el sinsentido en esa tarde fría, mientras volvía a pensar que son detalles como éste los que le dan sentido a nuestro cuento. Y que quizá sin ellos no lograríamos avanzar mucho.

En fin... moralejas del día: encontrar rápido un lugar donde escribir cuando te sientas como para hacerlo, o en su defecto recurrir al placer vintage de la libreta y el lápiz. Y nunca subestimar el potencial de una buena fuente de inspiración. Como Tim Burton.

Y tu, Urso, ¿crees que logremos ser como el Gran Pez? ¿Aquel que siempre creció porque nunca se dejó atrapar, o aquel que terminó por volverse una de sus historias, y de paso, volverse artífice de su propio sueño?

Quién lo sabe.



p.d.: padre, tenemos que ver esta película.
Un abrazo, O.

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