sábado, 24 de diciembre de 2005

feliz navidad: la guerra se acabó

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Sigo creyendo que John y Yoko tuvieron una gran idea esa navidad.
La guerra se acabó
si tú quieres

pásenlo bien

lunes, 19 de diciembre de 2005

...


¿Por qué
sigo soñando con la vieja casa, la sala de estar forrada de papel blanco, los sillones verdes, la cocina a un costado, el comedor dividido por un mueble grande, parte del cual sigue estando en el comedor (pero en uno muy distinto) y cuyas otras partes se han diseminado por distintas casas, tanto de mi hermana como mías; el viejo comedor con su papel blanco que tenía una mancha roja de ají en la pared de la derecha -mirada desde la calle- producto de algún exceso con el condimento, el mismo comedor donde escuché llantos, burlas, retos, tazas humeantes de café con leche o de leche con milo -milo te hace grande- sacado de grandes tarros que mi padre solía guardar siempre, siempre había un tarro grande de milo -me pregunto si todavía, en algún rincón de su casa, mi padre tendrá un tarro grande de milo, por si acaso, porque "el que guarda siempre tiene".

y parece que tendré ganas de escribir y hacer cosas para siempre porque me estoy guardando muchas.

Por qué sigo soñando con la vieja casa y su cocina estrecha, donde mi madre alguna vez hizo pastel de choclo y estuvo todo el día afanada -¿víctimas del folclore?- o aquella vez en que se quemó la mano con aceite hirviente, y por muchos días llevó esa venda blanca en su... ¿era derecha o izquierda?, no lo recuerdo, pero la cicatriz sigue ahí, y se la acaricio cuando la veo y recuerdo ese domingo por la tarde en que se la hizo, en esa estrecha cocina de paredes blancas, con una puerta con ventana que daba al patio y que tenía un cuartito detrás, era en esa casa, esa casa y su sala de estar de paredes forradas con papel blanco, con sillones verdes, situada al final de un camino infame, aquella vieja casa que por algún motivo no puedo dejar de soñar.

[no subject]

narcolepsia, trastornos del sueño, somnolencia diurna... ojalá fuera el tracklist del primer demo de mi banda. Esta debería llamarse SLEEP. Aunque ya existe otra banda -disuelta- con ese nombre, se me ocurre que pasaríamos piola.

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¿por qué soy tan típico? Scene Killer no me gustó mucho, pero las bajezas de Truck Fighters me agarraron altiro.

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Si yo fuera un país, Pentagram debería ser materia de estudio obligado en las escuelas.

Mejor no. Así terminarían odiándolos.

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Aunque el N. la llame monótona, quiero morir escuchando esta música.

además qué carajos sabe él de rock. salsero impune de arrabales arrechos

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Spaceship Lord is coming home to you. What a piece of crap lyric. Voy a recetarles una dosis grande de Lyrica (c).

LYRICA. Better lyrics through chemistry.
This product has not been tested on animals. 'Cause they don't sing, you know.

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Señor, señoooor, qué será de mi carrera dentro del stoner rock así... cómo podré cantar huevadas como "I am the king of the road" si no he manejado ni una bicicleta en años...

Nada que hacer. Dos cajas de Lyrica (c) para mí por favor, y vamos pensando en otros tópicos, otras rimas y otras metáforas.

< LYRICA. Better lyrics through chemistry.
for better results, consult your physician. or hire a music consultant. and watch mtv.


Maldiciones bíblicas. Soy atacado por una plaga de langostas. De las de Juan Fernández. Y la mayonesa no me alcanza.

Ketchup tampoco queda.
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A los autores de Lyrica (c): deberían tener un antídoto contra la página en blanco.

Bastards.

lunes, 12 de diciembre de 2005

Post - post - rock

...no digo que la gente casada tenga todo el tiempo del mundo, ni que yo pase todo el día ocupado. (más bien creo que es al revés). Pero yo soy solo, no tengo más que pregunterme mi parecer a mi mismo. El tiempo en pareja es distinto... y a mi no me gusta interrumpir...

O sea... mis tiempos son distintos a los de la mayoría de la gente, y hacerlos coincidir es medio complicado a veces

miércoles, 7 de diciembre de 2005

Parte III: post-rock

Estoy esperando a que prenda el viejo armatoste del escritorio para recuperar algunos archivos que debo enviarle al vocalista de Buffalo, la banda argentina de stoner rock que estuvo de gira por algunas ciudades de Chile a principios de noviembre. En realidad no sé que será más lento, si el software/hardware o el usuario. Al menos las fotos ya salieron, y bien. No óptimas, pero bien. Puedes decir que son ellos.

Mientras el mastodonte aquel no parte, escribo esto último en el laptop. Alabama Thunderpussy suena en sus pequeños parlantes JBL. Es curioso, pero esa marca me recuerda a un viejo y culebresco amigo. ¿Qué será de él? Hace mucho que no le veo, a pesar de que, dicen, vive en Santiago. Suele suceder.

Un amigo del sector dice que, ahora que vivimos más cerca, no nos vemos tanto. Pero hay más de un factor que influye en eso. Estamos más cerca, pero claro, él está casado. Y sus tiempos y espacios no son los mismos que los míos. Está claro que la vida de un soltero pasado los 30 no es precisamente un largo y continuo rock and roll. Está llena de cosas más cotidianas y menos glamorosas, como la lavandería, el aseo o el continuo acumulamiento de vasos y tazas vacías en el lavaplatos.

Aunque...

Pensándolo bien, la vida sí es como el rock'n'roll. Uno normalmente ve las luces, el humo (de cigarrillo?), el show... la música y la gente vuelta loca. Pero detrás de eso hay acarreos de instrumentos, largos viajes en micro, instalaciones, arriendos, vidas puestas a un lado con tal de escenificar una idea, de darle forma a un sueño... o a una pesadilla, como Alice Cooper.

Si es así, ¿qué clase de rock vendría siendo mi vida? Definitivamente no glam o hard rock. No soy tan guapo (ha!). Death metal o black, tampoco. No me gusta matar gatos. Ni quemar pollos (ha, ha!). ¿Progresivo? Hmmmm... reconozco ser demasiado perezoso para aprender tanta escala, ni para ser tan prolijo. Stoner rock, quizá... pero no conozco el desierto, y el último vehículo que conduje fue una bicicleta a los 12 años.

Creo que, fatalmente, a lo único que me acerco en verdad es al Doom. Especialmente al clásico: lento, pesado y alejado de las modas. Fuera del tiempo y del espacio, "nacido muy tarde" y sin un lugar claro, incomprendido, pero buena onda y con buenas relaciones con todos. Hijos de las flores, pero cuyos pétalos se marchitaron y murieron en una oscura noche lluviosa, mientras una campana tañía anunciando la presencia de aquella figura de negro que te mira fijamente, mientras a sus espaldas las llamas crecen más y más altas...

El recuento (octubre a diciembre)

Parte I: La casa.
Heme aquí.

El sol se esconde poco a poco tras los edificios. Una brisa fresca entra por la ventana, mientras en la calle el viento mueve las hojas del árbol de la vereda de enfrente. Hay una taza de té con limón a mi diestra, un sobre de azúcar aún sin usar y un estuche de CDs; a mi izquierda un libro sobre Cuchulain, el héroe de las leyendas irlandesas.

La tarde está tranquila, agradablemente tranquila. Estoy solo en casa y escucho "Atom Heart Mother" de Pink Floyd en el viejo laptop que, parchado y todo, aún gana batallas, como Cuchulain atado al tocón de un árbol, cubierto de heridas y blandiendo su espada, tan fiero que sus enemigos no se atrevieron a acercarse más que cuando vieron que un cuervo se posaba sobre sus hombros. Aunque ignoro si otros computadores portátiles se sienten así cuando ven al mío.

Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí. El viaje a Londres, supongo, es capítulo aparte; aunque ha pasado más de un mes, parece que hubiera sido ayer. Y sin embargo, otras cosas pasaron acá, pruebas, trabajos, y un final de semestre que llegó furtivamente como un ladrón y rápido como un lanzazo... o como Cuchulain dando su "salto de salmón" sobre las murallas de sus enemigos. Aunque lo único que huele a pescado en mi universidad fue esa prueba de análisis de discurso donde la mayoría copió todo el ejercicio de su cuaderno. Bastards. Bueno, quizá no sea lo único. Aunque lo otro más bien huele a rata.

Hablando de ratas, dejé aquel antiguo departamento para retirarme algunas cuadras más al sur, a un lado más tranquilo del mismo sector. Se podrían decir muchas cosas sobre esta decisión mía, pero... La tranquilidad que siento en este mismo momento, sentado frente a la mesa, iluminado por el sol, sintiendo la brisa, escuchando "Summer '68" en medio de un silencio roto sólo de cuando en cuando por el pasar de un vehículo, en lugar de estar en una habitación pintada de rosado chillón, con una ampolleta brillando débilmente sobre mi cabeza, el ruido de la Alameda y una radio sonando a todo volumen en la habitación contigua... no tiene precio. En serio. Por lo demás, el bizarro grupo de personajes que comparte este depto es bastante amistoso y dispuesto a conversar cuando algo pasa o algo molesta. Todos escuchan metal (así que no más radios feas) y ninguno de ellos desprecia una buena fiesta.

A la gente que vive acá habría que sumarle su red de amigos, la mayoría rockeros, algunos músicos, pero todos personajes con aspectos interesantes, aunque no más sea para pensar cómo diablos hace para vivir su vida. (Quizá exagero). Incluso no falta el que conoce a viejos amigos del sur. Así es la cosa a veces: el rock nos malcría y la cerveza nos junta.

Se podría pensar que es imprudente e incluso arriesgado mi cambio; se puede responder que todo cambio envuelve un riesgo. Que no hay decisiones seguras y absolutamente libres de peligro. Hay que atreverse a vivir un poco al borde, aunque nada más sea para ganar experiencias, y discutirlas filosóficamente con el vecino Fox, al calor de una taza de té, o con una cerveza fría en medio del sopor tibio de las tardes sofocantes de la capital antropófaga. (¿aló?)

Parte II: El bar

"¿Qué es el bar, Enrique?" le preguntaba la gente de 2 Minutos a Enrique Symns al comienzo del tema "Mosca de Bar". El "último de los bukowskianos" les respondía con un párrafo bastante característico de él, donde las ciudades eran "las hijas del miedo", del miedo al otro, donde todo estaba regulado, donde las calles estaban diseñadas de tal manera que "un burro ciego podía andar por ellas". En ese esquema, un bar venía siendo "el pedazo de selva", un espacio incontrolado, medio salvaje, donde las seguridades desaparecían y llegaba el riesgo, el riesgo de pelearte con tu amigo, de que te quiten a tu novia, o quizá algo peor, de conocer a una (qué grande que sos, Buk). Un lugar, en resumen, donde podías sentirte vivo. Caminar por el lado salvaje como Lou Reed, o como el mismo Symns cuando actuaba con los Redonditos de Ricota.

Personalmente, me quedo más bien con lo que decía Jorge Tellier, de que uno no podía realmente sobrevivir en un bar si no sabía ser un buen conversador. Quizá esto se aplica más específicamente a la barra, porque se supone que en una mesa vas con alguien que conoces, y si vas solo nadie se sentará contigo si no quieres. En la barra puedes instalarte con quien quieras, pero si eres mal conversador no durarás mucho, Tellier. Depende de lo que cada uno busque. Me ha tocado conocer gente bastante interesante en situaciones como ésa, y algunas de ellas perduran hasta hoy. Las personas, no las situaciones.

Un bar es algo más que mesas, barra, música y una acumulación de bebidas. El ingrediente que lo define es la gente que lo frecuenta, los habituales, los parroquianos. Claro, ayuda bsatante la intención o "la onda" que los dueños le quieran dar, pero a veces eso no queda muy claro. En otros casos, la tradición por sí sola le da un carácter al lugar. Aún así, la gente que te encuentres allí cuenta mucho. En un bar lleno de nazis, o de chicos y chicas top bailando alguna mierda de moda no te vas a sentir cómodo (al menos yo no). ¿Entonces que? ¿Un lugar donde "todos conocen tu nombre" como en Cheers? Man, eso sólo pasa en la tele.

Sin embargo hay lugares que se acercan bastante. Para mí por mucho tiempo fue "El Calabozo", un oscuro rincón del Barrio Brasil donde la cerveza podía acabarse temprano pero la buena onda nunca. Casi como para darle la razón a Symns, allí tuve amigos, me peleé con desconocidos, me quitaron a la novia e incluso conocí alguna otra. Ya no existe, pero las memorables jornadas pasadas allí no serán olvidadas. Especialmente esa última noche, de la que salimos pasadas las 6 de la mañana... pero esa ya es otra historia.

Ahora que ya me cambié de casa, el lugar habitual, que para colmo queda cerca, es el "Bar de René". En el se encuentra la tradición, pues el local tiene sus buenos años, con la onda relajada de sus dueños; relajo y buena onda que se refleja en la heterogénea mezcla de personas que lo frecuentan día a día. Sería complejo de definir, pues realmente va de todo. Aunque ayuda el que la música que suena por sus parlantes sea mayoritariamente rock, incluso algo de metal, este no es un antro de metaleros, es un melting pot, un popurrí de gente...

Por supuesto que este bar tiene su grupo de parroquianos, de caras conocidas que sueles ver siempre. Para algunos esto puede ser un factor que te aleje ("estoy aburrido, lo mismo de siempre") pero al menos para mí, eso es precisamentelo que busco, encontrarme con esa gente a la que he ido conociendo poco a poco y que ha sido extremadamente amable conmigo. En una ciudad donde una sonrisa sincera muchas veces escasea, esto es algo importante. Y ya es algo encontrar algo de verdad en un lugar donde la sinceridad es una moneda escasa.

Y no es que quiera seguir dándole la razón a Symns, pero... dejé de escribir por varios días y en ese lapso confirmé algunas cosas. Una de ellas es que un bar sí es un lugar riesgoso. Corres el riesgo de encontrarte con un mal recuerdo, y de revivir una mala historia. "It's deja-vú all over again".


De todas formas, y para cerrar esto con una nota agradable, como no tengo fotos del Bar de rené aún, pongo ésta del pub "The World's End", situado en el célebre CamdenTown de Londres, foto donde con algo de esfuerzo pueden distinguir a mis amigos Linda y Tim, de espaldas y a la izquierda de la imagen. Buenos chatos, ésos. Y gente de bar, sin duda

jueves, 1 de diciembre de 2005

Nemo me impune laccesit

Justo cuando creía haber visto o pasado por cosas bizarras, anteayer alguien me preguntó "donde estaba la Alameda". A dos cuadras.

Y justo cuando creí que eso era insuperable, ayer me di cuenta que la estupidez humana no tiene límites. Que probablemente necesitemos nuevas clasificaciones de enfermedades mentales, de aquellos que aparentemente son intelectualmente hábiles pero carecen de las mínimas habilidades sociales y de comunicación.

Pero la venganza es inminente...

Lectura: El Barril de Amontillado, de Edgar Allan Poe.