martes, 26 de julio de 2005

Boggart, café y dos cigarrillos humeantes.

"De todos los bares de todas las ciudades del mundo, ella entra al mío..."

Fue una tarde gris cuando finalmente comprendieron que había más en común entre ellos de lo que cualquiera podía imaginar en ese momento. Fuera de ese contexto gris en que las ciudades nuevas se sumergen tratando de aparentar modernidad, el ritmo rutinario de las vidas citadinas y la previsible espera en filas de supermercado, ambos sabían que la forma en que podían salir de eso pasaba por compartir sus campos de experticia en una empresa común, una empresa capaz de potenciarlos en conjunto sin disminuír a ninguno, de llevarlos más allá de los límites de ese circo de pulgas, de ese fundo con discotecas llamado Themoswater.

Y fue así como, al calor de un café y dos humeantes cigarrillos, sellaron un pacto de mutua confianza. Las consecuencias no podrían preverlas en ese momento. Sin embargo, ambos se separaron esa tarde convencidos de que era un riesgo que valía la pena correr.

Al despedirse, la niebla ocultó el sonido de sus tacones, mientras el humo de otro cigarrillo se confundía con la penumbra de la noche.

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