martes, 25 de abril de 2006

El no-decir de la Neolengua

(escrito el 23 de agosto de 2005, y por alguna razón olvidado)
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No por obvio menos interesante, el hecho de que los discursos periodísticos digan más por lo que callan que por lo efectivamente trasmiten al público no deja de hacerme sonreír de cuando en cuando.


Pensemos en el caso de la masacre de Antuco. Parecía un cuento épico, nuestra propia "Venganza de los Sith", con sus niños héroes muertos por el exceso de celo de su maestro. Se apuntaron dedos acusadores, se dijeron palabras de buena crianza... pero nadie en el mainstream parecía dar cuenta de cómo éste hecho devela -una vez más- el carácter clasista de la institución del servicio militar. ¿Por qué ni el Comandante en Jefe del Ejército ni el Ministro de Defensa viajaron a la zona en cuanto se supo de la tragedia? Porque los muertos eran pobres... hijos de campesinos, de obreros, mapuches... Seguro que su reacción habría sido distinta si la malograda maniobra hubiera tenido lugar en el marco de una escuela de oficiales con rubicundos descendientes de las clases acomodadas del país. Hubieran rodado cabezas galoneadas con 3 estrellas. Pero no. Basta con encontrar un chivo expiatorio en los mandos medios -el mayor Cereceda- y esperar a que la gente vuelva a interesarse en el reality. Al final Santiago es Chile y los padres de esos jóvenes viven muy lejos, así que ¿qué mas da?

Mientras escucho las palabras de Jorge Correa Sutil en un noticiero nocturno me vuelve a agarrar la misma sonrisa. Se discute si hubo o no espionaje a Piñera. No es espionaje, dice el personero: es una labor de inteligencia. Y no es contra personas, se estudian "escenarios de conflictividad". De hecho a quienes se estaría investigando no es al candidato, sino a los indígenas de la Isla Grande. El gobierno quiere saber "la intensidad de su reclamo", para poder "controlar la violencia" o alguna frase del newspeak político. Por ejemplo, saber si las comunidades tenían títulos de dominio o de merced que pudieran presentar en sus reivindicaciones. Fernando Paulsen me sorprendió al preguntar a Correa porqué esa información no era recopilada y presentada por la CONADI si se basaba en datos públicos, como las escrituras o títulos. No recuerdo de qué forma escurrió el bulto el ministro, pero al final queda claro que la óptica desde la que el Gobierno ve el conflicto mapuche es por sobre todo policial.

Si no, ¿por qué creer que un reclamo legítimo -en tanto se basa en títulos- pueda ser foco de conflicto, salvo porque de antemano se piensa en no atenderlo? Es lo único que se me ocurre. Es decir, queda claro que el gobierno espía... perdón: "hace labor de inteligencia" sobre los grupos indígenas -afirmación que seguro parece ingenua a quienes sufren los efectos de esa "labor" en su vida cotidiana. Como también el hecho de que los trabajos de Inteligencia no se hacen porque sí ni por casualidad, tienen fines determinados y obedecen a una política determinada.

Cuáles son unas y otras es algo que no quiero especular ahora, pero que cada uno saque sus conclusiones. No vamos a rasgar vestiduras ahora: todo gobierno tiene servicios de inteligencia, y el de la Concertación no es la excepción -afirmación que no sólo debe parecer ingenua sino obvia a mucha gente que ha pasado por ésas desde inicios de los '90. Deberian agregarlo a los eslóganes de campaña. "Recuerda: El Hombre Que Fuma te vigila".

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