jueves, 30 de septiembre de 2010

Gómez Rojas


Ayer 29 de septiembre se cumplieron 90 años de la muerte del poeta José Domingo Gómez Rojas. Para quienes sólo lo ubican de nombre por el parque ubicado en la ladera norte de río Mapocho en Santiago, les dejo estas palabras de su amigo González Vera, extraídas del libro "Cuando Era Muchacho":

"Una noche el telégrafo trajo una noticia para mí: la muerte de José Domingo Gómez Rojas. Escribí media página poco menos que llorando. Lo vi en Santiago quince días antes del asalto (*) e ignoré que estuviera preso.

Servía un pequeño cargo en la Municipalidad, era estudiante de castellano y derecho, con intermitencias. En el momento de verle, apasionábanle las carreras de caballos. Sus pasiones eran absorbentes y pasajeras. Sabía la ascendencia de corceles famosos y no quería hablar de otra cosa. Era su último juguete. 

¿Qué delito lo llevó a la cárcel? Ninguno. Pero era anarquista. En la prisión hizo anotaciones que trasuntan su admiración por Gabriel D'Annunzio. Proponíase escribir obras de relieve cuando saliera de allí. A ratos debió sobrevenirle el temor de morir en su celda, porque estampa: "No he de morir en vano", o "aquí muere la libertad de los hombres, pero nace la libertad del pueblo". Está incomunicado en el mismo calabozo en que estuvo, años pasados, el ácrata Julio Valiente, y descubre una inscripción hecha por éste: "Estar preso por la libertad del pueblo no es un delito: es una satisfacción".

El magistrado Astorquiza ve fumar al poeta durante una visita a la prisión y le da una bofetada. En seguida ordena le pongan esposas. Gómez Rojas se desvela, no dispone de libros, come mal, no ve a su madre, a quien adora. Le mojan la celda. Es presa de horribles obsesiones y termina por enajenarse. No obstante, en horas de resplandor, escribe poemas en los que habla con su madre o profetiza "el cercano día de la gran libertad sobre la tierra grande". La libertad sigue prófuga de casi todos los lugares conocidos. 

Un loco que habita la celda paredaña golpea, sin cesar, el catre, treinta, sesenta horas. Gómez Rojas lleva la cuenta hasta los diez mil golpes, y comienza a sufrir terrores y grita. Le conducen a la Casa de Orates y allí muere, a las 10.30 de la mañana, el 29 de septiembre de mil novecientos veinte.

A su entierro acude una masa inmensa. Como siempre, ha sido menester la sangre para despertar la conciencia de la gente." 

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(*) Se refiere al asalto a la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, el 21 de julio de ese año, por parte de una horda de jóvenes católicos, conservadores y militares.

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