jueves, 1 de junio de 2006

¿El despertar de la fiera?

Una inédita adhesión de la apática Universidad La República a la movilización de los estudiantes secundarios marcó mi semana. De ahí a querer reseñar esos ¿históricos? momentos, hubo no poco trecho.

Esa mañana la vieja y querida Mulare amaneció cubierta de lienzos y carteles apoyando las protestas estudiantiles. En honor a la verdad, ya el año pasado había existido un atisbo de rebelión relacionada con el tema de la Ley de Financiamiento; por no hablar de los recuerdos que aún había en la escuela de Periodismo del célebre paro del año 2004. La idea era levantar la voz en nuestra propia casa de estudios, a la vez que ir a apoyar a los alumnos del Liceo de Aplicación.

Partimos en caravana hacia calle Cumming y la verdad me era difícil creer que estuviera sucediendo. Bueno, tampoco digamos que fue una marcha tipo Gandhi o algo así... de todas formas para los tiempos que corren estaba bastante bien. Frente al “Aplica” se encontraban congregados estudiantes tanto secundarios como universitarios, y en la fachada del añoso liceo habían cientos de pancartas, lienzos, carteles, o simplemente hojas con mensajes de adhesión al movimiento y de rechazo a la política del gobierno.

Aunque, debido a la cobertura que han tenido estos hechos, quizá esté de más decirlo ahora, la situación era sumamente tranquila, si bien el tránsito estaba prácticamente cortado, tanto por la vía correspondiente al Liceo de Aplicación como por la del frente, donde los alumnos del Salesianos (o Gratitud Nacional, nunca me acuerdo) hacían lo suyo en la esquina de Cumming con Alameda. Por eso fue inesperada la primera estampida, motivada al parecer por pura histeria colectiva pues en ese momento ni se asomaban las “fuerzas de orden y seguridad”. Pero la siguiente vez fue real, y aunque muchos tratábamos de calmar a la gente, diciéndoles que no corrieran, la embestida del carro lanzaagua, así como de vehículos menores arrojando gases lacrimógenos, hicieron impensable permanecer ahí, so pena de recibir un chorro de gas en pleno rostro -lo cual sucedió, por cierto.

Hubo que correr, pues, y luego de algunos minutos refugiados en unas oficinas aledañas, comentando lo inusitado del accionar policial -aquí si que fue absolutamente cierto aquello de que “no estaban haciendo nada”- se decidió volver al campus. La idea era seguir apoyando, esta vez junto a la marcha de los profesores. Luego de una resistencia inicial de los dirigentes, la columna se dirigió al centro por calle Agustinas, estando flanqueada por un buen número de policías de Fuerzas Especiales. Se suponía que nos escoltarían hasta la Plaza de Armas, pero nada más acercarnos al Palacio de los Tribunales un “guanaco” se encargó de empapar en agua sucia a los primeros de la marcha. Aún así seguimos hasta encontrar a los del Colegio de Profesores en el paseo Ahumada. De allí seguiríamos caminando hasta La Moneda, pero la policía nos cortó el paso a la altura de calle Nueva York. La vereda correspondiente a la casa central de la Universidad de Chile estaba atestada de estudiantes, quienes comenzaron a pifiar a los “verdes”. A pesar de que se estaba negociando la forma de proseguir la manifestación, totalmente pacífica por cierto, las Fuerzas Especiales seguían asumiendo posiciones en la Alameda, moviendo buses y carros lanzaaguas, actitud abiertamente provocativa que obviamente obtuvo resultados cuando pequeños grupos de cabros empezaron a tirar piedras desde el bandejón central de la Alameda.

Desde ahí todo fue un continuo baile de avances y retrocesos entre los manifestantes y los carabineros en su atuendo antidisturbios. El “guanaco” prodigó sus apestosas aguas a diestra y siniestra, como si el paseo Ahumada estuviera poseído por el demonio de la libertad de expresión y hubiera que exorcizarlo con la nauseabunda agua bendita del “orden”. Avanzar y retorceder, cargar a palos o con agua y luego el repliegue táctico: el viejo juego que ellos saben jugar tan bien, y en el que la gente siempre cae. Habría que decir que, a pesar de todo, la gente no perdió el “dominio” territorial del lugar pues la policía realmente no era capaz de sacarlos como no fuera cargando a palos -lo que posteriormente sucedió.

Luego de varias horas de carreritas y carrerones, cansado y con sed, decidí volver a la U para saber de mis compañeros. Al parecer ninguno fue detenido, aunque alguno recibió todo el impacto del agua y los gases. Instalados en una salita y ya más relajados, nos dedicamos a recordar y comentar los hechos del día. Entre broma y broma, nos fuimos alejando del tópico inicial, la hora pasó y cada uno tomó su camino. Rumbo a casa pensaba en lo que podría haber sucedido de haber otra planificación de las marchas. Pensé también que una acción tan masiva siempre resulta difícil de predecir; serían necesarios cientos de pequeños grupos de afinidad preparados para enfrentar situaciones de presión o enfrentamiento físico con la policía, capaces de utilizar técnicas de la acción directa noviolenta, capaces de de-escalar una situación tensa en lugar de agravarla. Tales grupos no existen masivamente, por desgracia, y hacerlos crecer es un trabajo lento.

Bueno, el corolario de esto bien podría ser una reflexión sobre las posibilidades de la noviolencia activa en las movilizaciones sociales. Sin embargo, y ante el cúmulo de informaciones que se han sucedido en la prensa en los últimos dos días, creo que eso quedará para más adelante en la semana. Los abusos de Carabineros en contra de la prensa, los estudiantes y los transeúntes en general no son nada nuevo, cualquiera que participe de movimientos sociales sabe qué esperarse de los “amigos en su camino”. Lo novedoso es la reacción tanto de la Presidenta como del alto mando de la institución. Tan acostumbrados estábamos a Lagos y su frase “las instituciones funcionan”, que ver a Bachelet repudiando la acción policial en lugar de sacarse el pillo con alguna frase del tipo “hay que esperar el resultado del sumario interno” resultó casi increíble.

Y si en esas estamos... también podría cerrar esto diciendo que cuando los pacos golpean y abusan de la gente acá mismo en Santiago, en las mismísimas puertas de la Moneda, entonces importa y hay escándalo, destituciones y declaraciones... pero que cuando los abusos ocurren en el sur y los golpeados son mapuches parece que no es tan grave... Aunque mejor no. Después dicen que soy un resentido, y con razón.

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