domingo, 27 de febrero de 2005

El áspero camino de vuelta

Ahí estaban esas pequeñas luces indicándome lo inevitable: Febrero se acaba y debemos estar de vuelta en Santiago.



Hay preguntas que hacerse, claro. ¿Está todo listo? (resp: no). ¿Está todo limpio? ¿Hicimos todo lo que debíamos hacer, saludamos a todos los que queríamos ver? ¿Si, no? Ahhh, qué diablos. ¿Descansé? Sí señor. ¿Conocí gente nueva? Una poca. No leí lo que me traje, pero empecé con otras cosas que no esperaba ("El Alfabeto contra la Diosa", de L. Shlain). No tantas películas como yo quería. Hubo fiesta, si, si la hubo, hubo amigos y salidas, sorpresas, coincidencias... en fin.

Fue un buen verano. No hubo viajes al extranjero ni comidas exóticas, pero sí buenos vinos, buenos almuerzos y cenas en familia, largas conversaciones y largas partidas de cartas alrededor de la mesa de la playa. Lluvias, viento, sol, mucho sol, calor, agua fría, sudor, el olor del pasto mojado y de la tierra seca, el sonido del viento en los árboles ...el aroma de la flor que sólo se abre en la noche y el canto del colibrí.

Espero haber hecho buen acopio de fuerzas para lo que queda del año. Sé que dejo muchos cabos sueltos y promesas sin cumplir, pero tan sólo por esa ilusión que supe hacer crecer un día, creo que vale la pena seguir.

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